El otro día leí un titular que decía algo así como que Florentino Pérez “no está en sus cabales”.
Creo que fue Rafa Latorre, en La Brújula de Onda Cero.
Y aunque reniego bastante del fútbol, la curiosidad ante los comentarios esporádicos que escuchaba me llevaron directo a ver la rueda de prensa. No completa, no soy masoca. Después me vi otros vídeos. De memes, de personas hablando sobre Florentino…
No sé si el presidente del Real Madrid tiene cáncer.
No sé si tiene demencia.
No sé si estaba agotado o simplemente tuvo un mal día.
Y como no lo sé, no puedo ni quiero entrar ahí.
Pero sí vi una rueda de prensa caótica. Y me recordó a esos primeros momentos en los que empezamos a intuir que algo no va bien.
Cuando la persona aún compensa, aún disimula, aún intenta sostener el relato. Porque el cerebro pelea. El tuyo, el mío y el de cualquiera. Pelea para que no se note que algo falla.
Del rato que lo escuché hubo una frase que se me quedó dando vueltas.
Dijo algo parecido a: “¿Cómo no voy a estar cansado si soy el primero en levantarme y el último en irme?”
Y pensé: madre mía.
Durante años hemos admirado eso. Dormir poco. Trabajar mucho. Llegar el primero. Irte el último. Como si descansar fuera de vagos.
Y no.

Dormir no es perder el tiempo.
Dormir es una de las formas más importantes que tiene el cerebro de cuidarse.
Mientras tú duermes, tu cerebro ordena, limpia, regula emociones y consolida recuerdos.
Vamos, que mientras estás ahí con la boca abierta y cara de no aportar demasiado a la humanidad, tu cerebro está trabajando bastante.
Y quitarle horas de sueño durante años no sale gratis, como te podrás imaginar.
Podéis buscar cómo fueron los últimos años de Ronald Reagan o Margaret Thatcher. Reagan tuvo Alzheimer. La Thatcher vivió sus últimos años con problemas importantes de memoria.
No digo que fuera por dormir poco. Eso sería hacer trampas.
Pero sí digo que quizá deberíamos dejar de admirar tanto a las personas incansables.
Porque nadie es incansable.
Ni siquiera el cerebro.
Y esto también nos sirve para mirar de otra forma a una persona con Alzheimer.
Quizás tu padre ahora duerme mucho más que antes.
Quizás te preocupa que pase tantas horas dormido.
Pero puede que ese cerebro necesite más tiempo para intentar repararse. Aunque ya no lo consiga del todo.
Y entonces pienso en su vida anterior.
Quizás con 45 años también fue de los que se levantaba el primero y se acostaba el último.
Quizás también le robó horas al sueño para trabajar más, para cuidar más o simplemente para llegar a todo.
No lo digo para culpar a nadie.
Lo digo para aprender algo.
Dormir importa.
Descansar importa.
Y quizás cuidar el cerebro empieza, algunas noches, apagando la luz un poco antes.
Auqnue no seas presidente de nada.
Gracias,
Ah! y perdona si esto ya te lo he dicho.
pd1. Sabia, S., Fayosse, A., Dumurgier, J., et al. (2021). Association of sleep duration in middle and old age with incidence of dementia. Nature Communications, 12, 2289.
pd4. Si te cuesta leer en inglés, puedes activar una función fácil en chrome.

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