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  • Formación Montessori para residencias: qué debería cambiar después del curso

    Formación Montessori para residencias: qué debería cambiar después del curso

    Hay una escena que se repite en muchas residencias.

    El equipo termina una formación. Sale contento. Ha tomado apuntes. Ha entendido las ideas.

    Y el lunes todo continúa igual.

    Mismos horarios. Mismas órdenes. Mismas actividades preparadas para todos. Mismo hábito de hacer por la persona lo que todavía podría hacer con un poco de apoyo.

    No suele ser falta de interés.

    El problema es que entender un enfoque no significa saber reconocerlo en una ducha, una comida, un pasillo o una conversación difícil.

    Por eso, una formación Montessori para residencias no debería medirse por la cantidad de diapositivas ni por lo bien que suena la filosofía.

    Debería medirse por lo que el equipo empieza a ver de otra manera.

    Montessori no consiste en poner más actividades

    Cuando se habla de Montessori aplicado a personas mayores o personas con demencia, es fácil pensar en materiales, bandejas y ejercicios de estimulación.

    Todo eso puede tener su lugar.

    Pero no es el centro del enfoque.

    La pregunta importante no es:

    ¿Qué actividad podemos ponerle?

    La pregunta es:

    ¿Qué necesita esta persona para comprender, elegir, participar y conservar aquello que todavía puede hacer?

    Ese cambio de pregunta afecta a todo: la forma de hablar, la organización de las rutinas, la presentación de los objetos, los apoyos de memoria y el papel que la persona ocupa dentro de la comunidad.

    Primer cambio: dejar de mirar solo lo que la persona ha perdido

    Los equipos asistenciales reciben mucha información sobre déficits, riesgos y necesidades de apoyo.

    Es lógico. Forma parte del trabajo.

    Pero, si esa es la única mirada, la persona termina convertida en una suma de problemas que hay que resolver.

    Montessori propone observar también:

    • qué capacidades conserva;
    • qué actividades han formado parte de su vida;
    • qué intereses siguen presentes;
    • qué decisiones todavía puede tomar;
    • en qué momentos participa sin que tengamos que insistir;
    • qué apoyos le permiten tener éxito.

    No se trata de negar la dependencia. Se trata de no aumentarla sin querer.

    Equipo sociosanitario preparando un entorno Montessori para personas mayores
    Un entorno preparado facilita la autonomía y la participación cotidiana de las personas mayores.

    Segundo cambio: ayudar sin sustituir

    En un centro hay prisa.

    Y cuando hay prisa, hacer algo por la persona suele parecer más eficiente que esperar, mostrar o adaptar la tarea.

    El problema aparece cuando la ayuda elimina oportunidades de participación.

    Una forma distinta de trabajar puede consistir en:

    • preparar los objetos en el orden en que se van a utilizar;
    • dividir una tarea en pasos sencillos;
    • mostrar el gesto en lugar de repetir una explicación larga;
    • ofrecer dos opciones comprensibles;
    • retirar apoyos cuando ya no sean necesarios;
    • dar tiempo suficiente para responder.

    Son cambios pequeños. Pero cambian el lugar que ocupa la persona: deja de ser únicamente receptora de cuidados y vuelve a participar en su propia vida.

    Tercer cambio: hacer que el entorno también cuide

    Un entorno puede facilitar la autonomía o multiplicar la confusión.

    Carteles difíciles de leer, objetos que cambian de sitio, armarios cerrados, exceso de estímulos o espacios que no explican para qué sirven obligan al equipo a intervenir constantemente.

    Preparar el ambiente no significa decorar la residencia “al estilo Montessori”.

    Significa preguntarse:

    • ¿La persona puede encontrar lo que necesita?
    • ¿Comprende para qué sirve este espacio?
    • ¿Los materiales importantes están visibles y accesibles?
    • ¿Existen señales que apoyen la memoria sin infantilizar?
    • ¿El orden ayuda a iniciar y terminar una actividad?

    Cuando el entorno ofrece pistas claras, el profesional no tiene que dar todas las respuestas.

    Cuarto cambio: pasar del entretenimiento al propósito

    Mantener ocupada a una persona no es lo mismo que ofrecerle una vida con sentido.

    Una actividad puede ser entretenida y, aun así, no tener ninguna relación con su identidad.

    Los roles significativos aparecen cuando conectamos la historia de vida, las capacidades y los intereses con una contribución real.

    Poner la mesa. Cuidar una planta. Ordenar correspondencia. Preparar algo para recibir a otra persona. Doblar ropa. Ayudar a elegir la música. Dar la bienvenida.

    No porque haya que convertir cada momento en terapia.

    Sino porque todas las personas necesitamos sentir que contamos para algo y para alguien.

    Quinto cambio: compartir un lenguaje de equipo

    Una persona puede recibir apoyos muy diferentes según quién esté trabajando ese día.

    Por eso la formación no debería quedarse en especialistas aislados.

    Dirección, responsables asistenciales, equipo interdisciplinar y atención directa necesitan poder hablar de las mismas cosas:

    • capacidades conservadas;
    • ayuda graduada;
    • elección real;
    • participación;
    • entorno preparado;
    • roles con sentido.

    El objetivo no es que todo el mundo actúe exactamente igual. Es que las decisiones respondan a un criterio común.

    Lo que una formación de 12 horas puede —y no puede— hacer

    Doce horas no transforman por sí solas una residencia.

    Decir lo contrario sería poco serio.

    Sí pueden ofrecer al equipo una base sólida para comprender el enfoque, revisar prácticas cotidianas y detectar un primer cambio concreto.

    La implantación requiere después elegir prioridades, probar, observar y acompañar. En algunos centros bastará con que sus responsables sostengan ese proceso. En otros será útil contar con consultoría y seguimiento.

    Lo importante es no confundir el curso con el final del camino.

    Es el comienzo.

    Formación oficial AMI para residencias y centros de día

    En Montessori Senior ofrecemos el taller oficial de la Association Montessori Internationale sobre Montessori para Demencia, Discapacidad y Envejecimiento.

    Es una formación de 12 horas dirigida a equipos de residencias, centros de día y servicios que acompañan a personas mayores.

    El taller es el primer paso oficial del itinerario AMI. No equivale por sí solo a la certificación posterior como AMI Certified Practitioner.

    Si quieres conocer el programa y valorar si encaja en vuestro centro, puedes consultar aquí la información:

    Ver la formación oficial AMI de 12 horas

    Cuéntame qué centro sois, cuántas personas formaríais y qué os gustaría que cambiase después de la formación.

    Te diré con honestidad si este taller puede ser un buen primer paso.

  • Florentino Pérez NO tiene demencia

    El otro día leí un titular que decía algo así como que Florentino Pérez “no está en sus cabales”.

    Creo que fue Rafa Latorre, en La Brújula de Onda Cero.

    Y aunque reniego bastante del fútbol, la curiosidad ante los comentarios esporádicos que escuchaba me llevaron directo a ver la rueda de prensa. No completa, no soy masoca. Después me vi otros vídeos. De memes, de personas hablando sobre Florentino…

    No sé si el presidente del Real Madrid tiene cáncer.

    No sé si tiene demencia.

    No sé si estaba agotado o simplemente tuvo un mal día.

    Y como no lo sé, no puedo ni quiero entrar ahí.

    Pero sí vi una rueda de prensa caótica. Y me recordó a esos primeros momentos en los que empezamos a intuir que algo no va bien.

    Cuando la persona aún compensa, aún disimula, aún intenta sostener el relato. Porque el cerebro pelea. El tuyo, el mío y el de cualquiera. Pelea para que no se note que algo falla.

    Del rato que lo escuché hubo una frase que se me quedó dando vueltas.

    Dijo algo parecido a: “¿Cómo no voy a estar cansado si soy el primero en levantarme y el último en irme?”

    Y pensé: madre mía.

    Durante años hemos admirado eso. Dormir poco. Trabajar mucho. Llegar el primero. Irte el último. Como si descansar fuera de vagos.

    Y no.

    Dormir es muy importante para el cerebro

    Dormir no es perder el tiempo.

    Dormir es una de las formas más importantes que tiene el cerebro de cuidarse.

    Mientras tú duermes, tu cerebro ordena, limpia, regula emociones y consolida recuerdos.

    Vamos, que mientras estás ahí con la boca abierta y cara de no aportar demasiado a la humanidad, tu cerebro está trabajando bastante.

    Y quitarle horas de sueño durante años no sale gratis, como te podrás imaginar.

    Podéis buscar cómo fueron los últimos años de Ronald Reagan o Margaret Thatcher. Reagan tuvo Alzheimer. La Thatcher vivió sus últimos años con problemas importantes de memoria.

    No digo que fuera por dormir poco. Eso sería hacer trampas.

    Pero sí digo que quizá deberíamos dejar de admirar tanto a las personas incansables.

    Porque nadie es incansable.

    Ni siquiera el cerebro.

    Y esto también nos sirve para mirar de otra forma a una persona con Alzheimer.

    Quizás tu padre ahora duerme mucho más que antes.

    Quizás te preocupa que pase tantas horas dormido.

    Pero puede que ese cerebro necesite más tiempo para intentar repararse. Aunque ya no lo consiga del todo.

    Y entonces pienso en su vida anterior.

    Quizás con 45 años también fue de los que se levantaba el primero y se acostaba el último.

    Quizás también le robó horas al sueño para trabajar más, para cuidar más o simplemente para llegar a todo.

    No lo digo para culpar a nadie.

    Lo digo para aprender algo.

    Dormir importa.

    Descansar importa.

    Y quizás cuidar el cerebro empieza, algunas noches, apagando la luz un poco antes.

    Auqnue no seas presidente de nada.

    Gracias,

    Ah! y perdona si esto ya te lo he dicho.

    pd1. Sabia, S., Fayosse, A., Dumurgier, J., et al. (2021). Association of sleep duration in middle and old age with incidence of dementia. Nature Communications, 12, 2289.

    pd2. Gaur A, Kaliappan A, Balan Y, Sakthivadivel V, Medala K, Umesh M. Sleep and Alzheimer: The Link. Maedica (Bucur). 2022 Mar;17(1):177-185. doi: 10.26574/maedica.2022.17.1.177. PMID: 35733758; PMCID: PMC9168575.

    pd3. de Almondes KM, Costa MV, Malloy-Diniz LF, Diniz BS. Insomnia and risk of dementia in older adults: Systematic review and meta-analysis. J Psychiatr Res. 2016 Jun;77:109-15. doi: 10.1016/j.jpsychires.2016.02.021. Epub 2016 Mar 8. PMID: 27017287.

    pd4. Si te cuesta leer en inglés, puedes activar una función fácil en chrome.

  • Qué hacer cuando una persona con Alzheimer se enfada (y cómo evitarlo)

    Hay momentos en los que todo se rompe.

    Una palabra de más.
    Un gesto mal interpretado.
    Una rutina que no sale como esperabas.

    Y de repente, aparece el enfado.

    Puede ser leve.
    O puede ser intenso, desconcertante, incluso doloroso.

    Y lo peor no es el enfado en sí.

    Es no entender por qué ocurre.

    Si estás viviendo esto, no estás solo.

    Y, sobre todo, no lo estás haciendo mal.

    Por qué una persona con Alzheimer se enfada

    El enfado no aparece porque sí.

    No es que “se haya vuelto así”.
    No es que “quiera llevar la contraria”.

    El enfado suele ser una respuesta.

    A algo que no comprende.
    A una situación que le supera.
    A una sensación interna difícil de explicar.

    Muchas veces hay tres factores detrás:

    Confusión.
    Sobrecarga.
    Pérdida de control.

    Cuando no entiendes lo que está pasando a tu alrededor, cualquier pequeño cambio puede sentirse como una amenaza.

    Y cuando eso ocurre, el cuerpo responde.

    Por ejemplo, cuando quieren irse de su propia casa… puedes leer sobre ello aquí

    Los errores más comunes que empeoran la situación

    Aquí es donde, sin querer, solemos complicarlo todo.

    Intentamos razonar en medio del enfado.
    Subimos el tono para “hacernos entender”.
    Corregimos o insistimos en que haga algo.

    Pero en ese momento, la persona no está en disposición de procesar.

    No es falta de voluntad.
    Es incapacidad real en ese instante.

    Y cuanto más presionamos, más escalamos el conflicto.

    Se convierte en un tira y afloja.

    Y nadie gana.

    Qué hacer en el momento del enfado

    Aquí no hay técnicas mágicas.

    Pero sí hay algo que cambia mucho el resultado:

    Bajar tú primero.

    Bajar el tono.
    Bajar la exigencia.
    Bajar el ritmo.

    A veces, lo más útil no es explicar.

    Es acompañar.

    Mantener una presencia tranquila.
    Validar la emoción, aunque no entiendas la causa.
    Dar espacio si es necesario.

    Muchas situaciones se desactivan no porque “resuelvas el problema”, sino porque dejas de empujarlo.

    Señora con Alzheimer enfadada

    Cómo prevenir estos episodios

    El enfado no empieza en el momento en que explota.

    Empieza antes.

    En pequeños detalles:

    Un entorno que confunde.
    Demasiadas instrucciones a la vez.
    Cambios bruscos en la rutina.

    Aquí es donde puedes hacer mucho.

    Simplificar el entorno.
    Anticipar lo que va a pasar.
    Reducir estímulos innecesarios.

    Este enfoque forma parte de una forma más amplia de entender el cuidado.

    Si estás cuidando a una persona con Alzheimer en casa, aquí tienes una guía completa para hacerlo con menos conflicto y más conexión.

    Cuando el enfado te afecta a ti

    Porque te afecta.

    Y mucho.

    Hay días en los que duele.
    En los que te sientes desbordado.
    En los que te preguntas si podrías haberlo hecho mejor.

    Pero hay algo importante que necesitas recordar:

    No todo depende de ti.

    Estás en una situación compleja, con variables que no controlas.

    Y, aun así, estás ahí.

    Eso ya es mucho.

    No se trata de controlar, sino de entender

    Intentar eliminar el enfado por completo no es realista.

    Pero sí puedes cambiar cómo aparece.
    Cómo evoluciona.
    Y cómo lo vives tú.

    Cuando entiendes lo que hay detrás, deja de ser un ataque personal.

    Y empieza a ser algo que puedes acompañar.

    Cuidadora enfadada con señora con Alzheimer

    Si estás viviendo esto, no tienes que hacerlo solo

    Cuidar a una persona con Alzheimer en casa implica enfrentarse a situaciones que nadie te ha enseñado a gestionar.

    El enfado es solo una de ellas.

    Cada semana comparto situaciones reales y cómo abordarlas sin entrar en conflicto constante.

    Sin teoría vacía.
    Solo experiencia aplicada.

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  • Cómo cuidar a una persona con Alzheimer en casa (sin entrar en conflictos)

    Cuidar a una persona con Alzheimer en casa no es sólo difícil, a veces es confuso y muy agotados.

    Seguro que si estás aquí es porque el Alzheimer ha entrado en tu vida.

    Quizá estás cuidando a tu madre, a tu padre, a tu pareja.
    O quizá estás empezando a darte cuenta de que algo ha cambiado.

    Y seguramente ya te han dicho muchas cosas:
    que tengas paciencia, que no te lo tomes personal, que es parte del proceso.

    Pero la realidad es otra.

    En este artículo quiero darte algo más útil que consejos generales.
    Quiero darte una forma distinta de entender lo que está pasando y cómo acompañar mejor, sin entrar en lucha constante.

    cuidar a una persona con Alzheimer en casa
    cuidar a una persona con Alzheimer en casa

    Qué significa realmente cuidar a una persona con Alzheimer

    Cuidar no es solo ayudar.

    No es solo dar de comer, acompañar al médico o recordar la medicación.

    Cuando empiezas a cuidar a una persona con Alzheimer en casa, te das cuenta de que esto es otra cosa.

    Es levantarte un día y darte cuenta de que las normas que conocías ya no funcionan.
    Que lo que ayer servía, hoy genera conflicto.
    Y que, muchas veces, no entiendes qué está pasando.

    Cuidar es gestionar cambios de comportamiento que no siguen una lógica aparente.
    Es adaptarte cada día sin tener un manual claro.
    Es sostener emocionalmente situaciones que desgastan más de lo que te gustaría reconocer.

    Y hay algo importante que casi nadie dice:

    No es solo difícil por la enfermedad.
    Es difícil porque seguimos intentando relacionarnos como antes.

    Ahí es donde empieza gran parte del problema.

    Los errores más comunes al cuidar en casa

    Cuando alguien cercano empieza con Alzheimer, lo normal es hacer lo que siempre hemos hecho.

    Intentar que entienda.
    Corregir cuando se equivoca.
    Explicar las cosas “bien”.

    Pero aquí es donde empiezan los choques.

    Intentamos razonar constantemente con alguien que ya no procesa la realidad de la misma manera.
    Corregimos pequeños errores que, en el fondo, no tienen importancia.
    Forzamos rutinas sin tener en cuenta cómo está esa persona en ese momento.

    Y todo esto genera algo muy concreto:

    Tensión.

    Para ti, porque sientes que no te hace caso.
    Para la otra persona, porque percibe frustración aunque no entienda exactamente por qué.

    Sin darnos cuenta, entramos en una dinámica de lucha constante.

    No porque queramos.
    Sino porque nadie nos ha enseñado otra forma de hacerlo.

    Algunas situaciones como la higiene diaria pueden generar conflictos. Aquí te explico cómo abordar la ducha sin peleas.

    Cómo aplicar un enfoque más humano

    Cuando estás cuidando a una persona con Alzheimer en casa, hay días en los que todo pesa, pero tú y yo sabemos que el enfoque humano es el que lo cambia todo.

    No se trata de hacer más.
    Se trata de hacer diferente.

    El enfoque Montessori aplicado al Alzheimer no busca corregir a la persona.
    Busca adaptar el entorno para que la persona pueda funcionar mejor dentro de sus capacidades actuales.

    Eso cambia completamente el punto de partida.

    En lugar de pedirle que se adapte al mundo, adaptamos el mundo a ella.

    Hablamos de cosas muy concretas:

    Simplificar el entorno para que sea más comprensible.
    Favorecer la autonomía en lo que aún puede hacer.
    Reducir situaciones que generan frustración innecesaria.

    No es magia.

    Pero cuando se hace bien, se nota.

    Hay menos conflicto.
    Más calma.
    Y, sobre todo, más sensación de conexión.

    Qué puedes empezar a hacer hoy mismo

    No hace falta cambiar todo de golpe.

    Hay pequeños ajustes que marcan una diferencia enorme.

    Por ejemplo:

    Simplificar las instrucciones.
    En lugar de dar varias indicaciones, dar una sola. Clara. Directa.

    Adaptar el entorno.
    Dejar a la vista solo lo necesario. Reducir estímulos que confunden.

    Cambiar la forma de comunicar.
    Menos explicación. Más acompañamiento. Más presencia.

    A veces, no es lo que dices.
    Es cómo lo dices.

    Y otras veces, ni siquiera hace falta decir nada.

    Cuando sientes que no puedes más

    Hay días en los que todo esto pesa.

    Mucho.

    Días en los que te enfadas.
    En los que pierdes la paciencia.
    En los que te preguntas si lo estás haciendo bien.

    Y eso también forma parte del cuidado.

    Porque cuidar no es solo lo que haces hacia fuera.
    Es también lo que pasa por dentro.

    Nadie te prepara para esto.

    Y, aunque quieras hacerlo bien, no siempre es fácil sostenerlo todo.

    Si estás ahí, no eres el único.

    Ni estás fallando.

    Estás en una situación que exige más de lo que parece desde fuera.

    Si estás viviendo esto, no tienes que hacerlo solo

    Si has llegado hasta aquí, probablemente ya lo sabes:

    Esto no va solo de información.

    Va de entender lo que está pasando y tener herramientas reales para gestionarlo mejor.

    Cada semana comparto situaciones reales de cuidado, con ejemplos concretos de cómo abordarlas sin entrar en conflicto constante.

    Sin teoría vacía.
    Sin fórmulas mágicas.
    Solo experiencia aplicada.

    A veces nuestras madres quieren irse su propia casa…AQUI puedes entender por qué

  • Las manos son el instrumento del cerebro

    Las manos son el instrumento del cerebro

    “Con las manos concibe el ser humano su entorno. Ellas son las herramientas ejecutoras de la inteligencia. Las manos son creativas, pueden producir cosas. Los órganos sensoriales y la capacidad de coordinación se desarrollan a través de las actividades manuales”, afirmó María Montessori.

    Hoy en día sabemos que los recursos que el cerebro emplea para procesar los estímulos sensoriales que percibe a través de las manos en sensiblemente superior a otras partes del cuerpo.

    Podemos, entonces decir, que experimentar el mundo a través de las manos es el equivalente a la entrada por la puerta grande de nuestro cerebro y, por ello, estas deben jugar un papel principal en el aprendizaje.

    Otros grandes autores también afirman que «no existe otro órgano mediante el cual un ser viviente pueda llevar a cabo movimientos tan diversos como el humano con sus manos».

    En muchos de estos movimientos a su vez también participan los brazos. Entonces, los movimientos se convierten en un conjunto que abarca el brazo y la mano (Jeannerod, 1994, pág. 535).

    En el movimiento de los brazos y de las manos, nos manifestamos de diferentes maneras.  En los gestos y los ademanes, siempre se expresan vivencias interiores. De inmediato, se percibe la expresión de sentimientos y emociones, pero también reflexión, aprobación o criterio negativo.

    Se trata de manifestaciones espontáneas de la vida anímica; en este sentido, los brazos y las manos son órganos del alma y, desde otro punto de vista, habilidades que aprendemos en el curso de nuestra vida: desde el coger un objeto hasta la virtuosa ejecución del instrumento por un pianista, desde el caminar, andar hasta los movimientos artísticos de un bailarín.

    El aprendizaje de una destreza manual, tal como el escribir o coser, tiene diversas condiciones. Mediante el sentido del tacto, tenemos que percibir que sostenemos el lápiz o la aguja con suficiente firmeza.

    Sobre todo, necesitamos una conciencia sensible con respecto a los movimiento de la mano y los dedos mediante el “sentido del movimiento” (sentido quinéstico, sensibilidad profunda).

    La condición previa para el aprendizaje de una destreza es el control del movimiento a través del sentido del movimiento y sus refinados órganos en los músculos y en los tendones entre los músculos y los huesos

  • La dignidad del Riesgo en las personas que sufren demencia

    La dignidad del Riesgo en las personas que sufren demencia

    La vida misma es un riesgo.

    No podemos eliminar el riesgo sin eliminar a la persona.

    (Rhonda Nay. Profesora de geriatría Universidad La Trobe, Australia. 2002)

    Cualquiera que trabaje en el campo de la atención de la demencia probablemente pueda citar numerosos ejemplos de personas con demencia que han sido restringidas o restringidas de alguna manera «por su propia seguridad». Esta es una reacción perfectamente comprensible: siempre queremos lo mejor para nuestros seres queridos y las personas bajo nuestro cuidado, y la idea de que se caigan, se corten o provoquen un incendio puede ser aterradora. Las personas con demencia pueden tener dificultades de memoria, disminuida la capacidad de atención, pensamiento lento, razonamiento y resolución de problemas deficientes, y una propio-cepción deteriorada (es decir, un sentido reducido de autoconciencia, incluida la conciencia de sus propias limitaciones cognitivas y físicas), por lo que por supuesto que necesitan un grado de supervisión adicional y tal vez incluso protección. Pero no podemos envolverlos en algodón. Restringir a una dama en su silla por preocupaciones de que podría caerse y lastimarse, o negarle a un caballero la oportunidad de cocinar porque podría dejar la estufa encendida, también significa negarle a estas personas la oportunidad de vivir una vida plena y significativa. Más bien, el objetivo debe ser (a) equilibrar el riesgo con la seguridad y (b) encontrar formas de gestionar el riesgo sin limitar las recompensas.

    ¿Qué es la «dignidad de riesgo»?

    La dignidad del riesgo describe el derecho de todas las personas a elegir correr riesgos al participar en experiencias de la vida. Es un concepto que reconoce que vivir una existencia satisfactoria y plena conlleva un riesgo inherente, y que la práctica de restringir excesivamente las elecciones de un individuo para eliminar el riesgo en realidad puede ser perjudicial para su bienestar (Kurrle, 2014).

    Demencia y riesgo

    La mayoría de las actividades cotidianas, como cocinar o salir a caminar, conllevan un elemento de riesgo, que rara vez se considera cuando las personas están bien. De hecho, muchos de nosotros elegimos participar en actividades que son totalmente peligrosas, como el ciclismo de montaña, el snowboard, el ala delta y la práctica de deportes de contacto. Pero incluso las actividades muy benignas implican riesgos: levantar una caja, caminar (especialmente en las escaleras), cocinar y planchar son actividades muy regulares que pueden tener resultados potencialmente negativos y graves, a los que tendemos a prestar muy poca atención.

    Para un cuidador de una persona con demencia, administrar o reducir los riesgos de las actividades cotidianas puede convertirse en una preocupación importante. Las dificultades con la memoria, la atención, la resolución de problemas, el conocimiento y otros déficits cognitivos asociados con la demencia aumentan el nivel de riesgo para algunas actividades. Sin embargo, reducir el sentido de autonomía de un individuo también conlleva riesgos como un bienestar reducido y, en algunos casos, una progresión más rápida de la enfermedad (Nay, 2002).

    Como siempre con el cuidado de la demencia / discapacidad, trate de imaginarse en la posición de la persona que está siendo atendida. Imagine que toma la decisión consciente de que le gustaría salir a caminar, pero se le niega esa oportunidad (no se desanima, sino que se le niega) porque otra persona piensa que hace demasiado calor o le preocupa que pueda caerse o perderse. ¿Cómo te haría sentir eso? ¿Es de extrañar que muchas personas en esta posición puedan arremeter verbalmente y / o físicamente?

    Beneficios de autonomía

    ¿Por qué la autonomía reducida plantea su propio riesgo? Una revisión reciente de la literatura sobre afrontamiento y depresión en la vejez concluyó que tener un mayor sentido de control (autonomía) se asocia significativamente con menos síntomas de depresión y mayor bienestar subjetivo (Bjørkløf et al, 2013). Los síntomas depresivos y el bajo bienestar subjetivo son factores de riesgo de malos resultados de salud, como el inicio o el empeoramiento de la discapacidad (Barry et al, 2011). Parece que ser capaz de mantener el control sobre las elecciones que uno hace en la vida diaria aumenta la sensación de bienestar y protege contra los síntomas depresivos. Ambos factores son fuertes razones para apoyar la autonomía en la vejez.

    Libertad versus seguridad

    Cuidar a una persona con demencia significa equilibrar su seguridad con su derecho a la autonomía. Hay muchas formas de abordar las preocupaciones de seguridad para que la persona con demencia pueda elegir participar en actividades que mejoren su sentido de autonomía y, por lo tanto, mejoren su bienestar. Estos van desde los consejos prácticos sobre la seguridad del hogar, hasta las ayudas y estrategias para actividades específicas.

    Las preocupaciones de riesgo comunes para los cuidadores de personas en el hogar incluyen caminar, conducir, cuidar a las mascotas y las actividades cotidianas del hogar, como cocinar o planchar. Para las personas bajo cuidado residencial, las actividades «riesgosas» pueden incluir caminar, jugar y hacer ejercicio, ducharse o hacer la cama.

    Las diferentes estrategias y ayudas serán apropiadas para diferentes personas y diferentes actividades, y dependerán del contexto, con el objetivo general de restaurar la elección de participar para la persona con demencia. Por ejemplo, aunque a muchos cuidadores les preocupa caminar, es una actividad terapéutica que se debe fomentar. El uso de dispositivos electrónicos de rastreo o grupos estructurados para caminar son algunas de las formas en que las personas con demencia pueden recibir apoyo para continuar con actividades agradables y beneficiosas. Planchas o estufas que se apagan automáticamente, alarmas que suenan cuando una persona se levanta de la cama, evaluaciones de caminar para considerar ayudas para caminar y llamadas telefónicas regulares son solo algunos de los dispositivos y estrategias que pueden ayudar a mantener a una persona segura sin colocar limitaciones en su sentido de autonomía.

    Logrando el equilibrio

    Así como cada persona tiene diferentes preferencias y prioridades con respecto a sus actividades, también las personas se ven afectadas de manera diferente por la demencia. Al apoyar a una persona con demencia, es importante establecer qué actividades son particularmente importantes para ellos. Los esfuerzos para minimizar el riesgo en esta actividad deben tener en cuenta el nivel de funcionamiento del individuo, de modo que aún puedan elegir participar en esas actividades preferidas. Es importante recordar que incluso si el individuo no puede participar en su nivel previo a la demencia, la actividad puede ser agradable y beneficiosa para el individuo. Además, el simple hecho de tener la opción de participar puede ser beneficioso para el bienestar de un individuo y, por lo tanto, sus cuidadores deberían alentar estas opciones.

    #montessorisenior #stopdemencia #deotramanera #sisepuede #demencia #alzheimer #sisepuede

    Todas las opiniones y consejos vertidas son orientaciones que funcionan en un gran número de casos, pero no es una ciencia exacta.

    Este artículo es una traducción del articulo del Dr. Christopher William, y puedes encontrarlo en

    https://www.linkedin.com/pulse/dignity-risk-people-dementia-dr-christopher-williams/, bajo el título Dignity of Risk for People with Dementia en el año 2005.

    Barry, L. C., Murphy, T. E., Gill, T. M. (2011). Síntomas depresivos y transiciones funcionales a lo largo del tiempo en personas mayores. Revista de psiquiatría geriátrica, 19 (9) 783-791.

    Bjørkløf, G.H., Engedal, K., Selbaek, G., Kouwenhoven, S. E., Helvik, A. (2013). Afrontamiento y depresión en la vejez: una revisión de la literatura. Demencia y trastornos cognitivos geriátricos, 35, 121-154.

    Kurrle, S. (2014, junio). Riesgos y beneficios: equilibrar la atención en el deterioro cognitivo. Simposio realizado en la reunión de la Conferencia Internacional de Demencia, Sydney, Australia.

    No, R. (2002). La dignidad del riesgo. Australian Nursing Journal, 9 (9) 33.

    Si estás cuidando a una persona con Alzheimer en casa, te dejo aquí una guía completa donde explico cómo hacerlo sin entrar en conflicto

  • Maiki: una inteligencia artificial para cuidar con mirada Montessori

    Maiki: una inteligencia artificial para cuidar con mirada Montessori

    Cuando acompañamos a una persona con demencia, muchas veces las preguntas no esperan.

    Tu madre no quiere tomarse las pastillas.Tu padre se niega a entrar en la ducha.Tu tía insiste en que se quiere ir “a casa”, aunque esté en su salón de siempre.Y tú… no sabes bien qué hacer.

    En esos momentos, no tienes un manual a mano. Y muchas veces, tampoco tienes a quién consultar.

    Por eso nació Maiki.

    ¿Qué es Maiki?

    Maiki es un chatbot —una inteligencia artificial— que hemos entrenado para responder como lo haría una persona con formación en el enfoque Montessori para demencia.

    No es un médico, ni un terapeuta, ni pretende sustituir la intuición de quien cuida cada día.Pero sí puede darte otra perspectiva. Una pista. Una forma distinta de mirar la situación.

    Maiki el chatbot (IA) para cuidadores de personas con demencia

    ¿Para quién está pensado?

    Sobre todo, para cuidadores no formales: hijas, hijos, parejas, amistades, personas que se encuentran acompañando sin haber recibido formación específica.Pero también puede ser útil para profesionales que quieran incorporar la filosofía Montessori en su día a día.

    Puedes preguntarle cosas como:

    • Mi madre no quiere comer. ¿Qué hago?
    • Mi padre me pregunta todo el tiempo dónde está su madre (fallecida hace años).
    • ¿Cómo le explico a mi pareja que no puede conducir más?

    Y Maiki te responderá desde un lugar respetuoso, centrado en la persona, sin juicios. Desde esa mirada que prioriza la conexión sobre la corrección.

    ¿Está listo para usar?

    Maiki está en versión beta. Eso significa que aún estamos probando, afinando, aprendiendo.Pero ya puedes usarlo.Y nos ayudará mucho que lo hagas. Porque cada interacción nos da pistas sobre cómo mejorar.

    Aquí puedes hablar con Maiki:👉 www.montessoridemencia.com

    No necesitas registrarte. Solo entra, escribe lo que te está pasando, y deja que Maiki te acompañe un rato.

    ¿Por qué Montessori?

    Porque creemos que cuidar desde esta mirada —basada en el respeto, la autonomía y la observación— no debería estar reservado solo a quienes han hecho formaciones largas o trabajan en centros especializados.

    Porque cuidar así cambia cosas. Y porque no siempre sabemos cómo empezar.

    Maiki está aquí para eso. Para acompañarte a ti, mientras tú acompañas a quien más lo necesita.

    Si estás cuidando a una persona con Alzheimer en casa esta APP es fundamental, pero te viene bien leer una guía completa donde explico cómo hacerlo sin entrar en conflicto

  • Abracemos Más: El Poder Curativo de un Abrazo

    Abracemos Más: El Poder Curativo de un Abrazo

    En un mundo donde las palabras a veces no son suficientes, un gesto tan simple como un abrazo puede convertirse en un lenguaje universal, capaz de transmitir amor, calma y conexión. En momentos de desafío, como el cuidado de un ser querido con Alzheimer u otras enfermedades neurodegenerativas, los abrazos adquieren un significado especial, transformándose en un puente de comunicación y afecto.

    Los abrazos no solo son una expresión de cariño; también tienen el poder de sanar. Desde el punto de vista emocional y físico, abrazar no es solo un gesto simbólico, sino también una herramienta terapéutica que puede mejorar significativamente el bienestar de las personas.

    El Abrazo: Medicina Sin Receta

    Numerosos estudios científicos han demostrado los beneficios de los abrazos. Cuando abrazamos, nuestro cuerpo libera oxitocina, conocida como la «hormona del amor», que reduce los niveles de estrés, disminuye la presión arterial y fortalece nuestro sistema inmunológico. Pero, ¿qué pasa cuando el abrazo se convierte en un puente de conexión con alguien que vive con Alzheimer?

    El poder del contacto físico, como un abrazo, adquiere un nuevo significado. Es un recordatorio táctil de que están acompañados, queridos y comprendidos.

    Para quienes enfrentan esta enfermedad, la comunicación puede ser un desafío. Las palabras pierden su significado, los recuerdos se desvanecen y el presente a veces se convierte en un lugar confuso. En este contexto, el poder del contacto físico, como un abrazo, adquiere un nuevo significado. Es un recordatorio táctil de que están acompañados, queridos y comprendidos.

    Persona abrazando con cariño a un ser querido con Alzheimer, transmitiendo amor y conexión.

    Abrazar Más, Cuidar Mejor

    La relación entre el cuidador y la persona con Alzheimer está marcada por la necesidad de paciencia, empatía y amor incondicional. Incorporar abrazos en la rutina diaria no solo fortalece este vínculo, sino que también aporta beneficios mutuos.

    Para el ser querido con Alzheimer, un abrazo puede ser un ancla emocional que genera calma en medio de la confusión. Para el cuidador, es un recordatorio de que el amor trasciende las palabras y los recuerdos. Es una forma de recargar energías y enfrentar el día con más esperanza y optimismo.

    Abracemos Más

    Reflexionemos: ¿cuántos abrazos damos al día? ¿Cuántas veces dejamos que la prisa nos impida mostrar afecto? En una sociedad que parece moverse cada vez más rápido, quizás sea hora de detenernos y recordar que el contacto humano es una de las medicinas más poderosas que tenemos.

    Abracemos más. Abracemos a nuestros amigos, a nuestra familia y, sobre todo, a aquellos que más lo necesitan, como nuestros mayores o quienes enfrentan enfermedades que los aíslan. Cada abrazo cuenta, y cada abrazo es un paso hacia un mundo más humano, más conectado y más sano.

    Porque el poder de un abrazo no tiene precio, pero su impacto puede cambiar vidas.

    ¿Puede funcionar un abrazo cuando quieren irse de casa sin razón? Puedes leerlo en esta entrada

  • Ejercicios cognitivos: pequeñas acciones que mantienen la mente activa

    Ejercicios cognitivos: pequeñas acciones que mantienen la mente activa

    El cerebro, como cualquier otro músculo, necesita ejercitarse para mantenerse en forma. En el caso de las personas con demencia, la estimulación cognitiva no solo ayuda a ralentizar el deterioro, sino que también mejora su bienestar emocional y su conexión con el entorno.

    Hoy quiero compartirte una actividad sencilla pero poderosa: El cajón de los tesoros.

    🔹 El cajón de los tesoros

    Busca un cajón en casa, uno de esos que acumulan pequeños objetos de toda una vida. Llaves antiguas, botones, carretes de hilo, viejas monedas… Pide a tu ser querido que lo explore con calma, que identifique cada objeto, lo describa y cuente qué le recuerda.

    Este ejercicio trabaja la reminiscencia, la motricidad fina y la concentración. Lo mejor es que cada objeto puede abrir la puerta a una historia, a un recuerdo escondido. Y si no lo recuerda, no pasa nada. Lo importante es la experiencia del momento.

    Personas mayores participando en actividades de estimulación cognitiva con materiales Montessori. Se observa a una persona sosteniendo una figura geométrica azul y explorándola con las manos, mientras otra inserta formas en un juego de encaje. En la mesa hay tarjetas con nombres de figuras geométricas y distintos materiales diseñados para ejercitar la memoria y la motricidad fina

    🔹 La bolsa misteriosa

    Similar al cajón, pero con un toque sensorial. Coloca varios objetos en una bolsa de tela y pídele que los reconozca solo con el tacto. ¿Será capaz de identificar un peine, una llave, una pinza sin verlos? Este juego estimula la percepción táctil y la memoria implícita.

    Estos son solo dos ejemplos de cómo podemos ejercitar la mente con elementos cotidianos. Apuntate a la newsletter.

    Porque la memoria no es solo recordar, es también sentir, conectar y compartir.

    ¿cómo cuidarías tu a alguien con Alzheimer?… por aquí puedes empezar

  • Actividades cotidianas que pueden beneficiar a personas con Alzheimer

    Actividades cotidianas que pueden beneficiar a personas con Alzheimer

    Mejorando su calidad de vida y promoviendo el bienestar diario

    El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta la memoria, el razonamiento y la capacidad de realizar tareas cotidianas. Sin embargo, integrar actividades significativas en la rutina diaria puede marcar una gran diferencia en el bienestar de quienes lo padecen. Las actividades cotidianas no solo estimulan las funciones cognitivas, sino que también fomentan la autoestima y fortalecen los vínculos emocionales.

    Aquí te presentamos una serie de actividades cotidianas especialmente diseñadas para mejorar la calidad de vida de las personas con Alzheimer. ¡Anímate a ponerlas en práctica!

    Adulto mayor regando plantas en un jardín soleado.

    1. Participación en tareas domésticas sencillas

    Las tareas domésticas, cuando están adaptadas a las capacidades de la persona, pueden generar un gran impacto positivo. Actividades como doblar la ropa, clasificar cubiertos o regar las plantas fomentan el sentido de utilidad y pertenencia. Además, permiten mantener habilidades motoras activas y proporcionan una rutina que aporta seguridad y estabilidad emocional.

    2. Cocinar en compañía

    Preparar recetas sencillas en compañía estimula la memoria y los sentidos. Actividades como mezclar ingredientes, cortar frutas (con supervisión) o decorar un plato brindan una experiencia multisensorial y son excelentes para evocar recuerdos familiares. Además, el aroma y el sabor pueden desencadenar conversaciones agradables sobre platos favoritos de la infancia.

    3. Paseos al aire libre

    Salir a caminar al parque o simplemente dar una vuelta a la manzana tiene numerosos beneficios físicos y emocionales. La exposición a la luz natural ayuda a regular el sueño y mejorar el estado de ánimo, mientras que el movimiento físico favorece la circulación y el equilibrio. Además, pasear en compañía fortalece los lazos afectivos y proporciona un momento de conexión genuina.

    4. Actividades artísticas y creativas

    La expresión artística es una vía poderosa para canalizar emociones y estimular la creatividad. Pintar, dibujar o realizar manualidades permite que las personas con Alzheimer se expresen de manera no verbal, lo que puede ser especialmente valioso en etapas avanzadas de la enfermedad. Además, el uso de colores y materiales variados estimula la motricidad y la percepción visual.

    5. Escuchar música y bailar

    La música tiene un efecto positivo en la memoria y el estado de ánimo. Escuchar canciones de la juventud o participar en sesiones de baile puede evocar recuerdos alegres y promover la movilidad. Los ritmos conocidos activan áreas del cerebro relacionadas con el lenguaje y el movimiento, brindando una experiencia estimulante y placentera.

    6. Juegos de mesa adaptados

    Los juegos de mesa, cuando se eligen adecuadamente, son excelentes para fomentar la concentración y la socialización. Juegos simples como el dominó o las cartas promueven la coordinación y la toma de decisiones. Además, compartir un juego en familia refuerza el sentido de pertenencia y proporciona un rato de entretenimiento.

    7. Lectura compartida

    Leer en voz alta o compartir un libro ilustrado mantiene la atención activa y estimula el lenguaje. Escoger temas conocidos o historias familiares puede facilitar la comprensión y hacer que la actividad resulte más significativa. Además, conversar sobre lo leído refuerza la memoria inmediata y promueve el intercambio de ideas.

    8. Terapia de reminiscencia

    Revivir momentos felices mediante fotografías, videos o canciones de otras épocas permite reforzar el sentido de identidad y autoestima. Es recomendable escoger recuerdos positivos que evoquen emociones agradables, ayudando así a reducir la ansiedad y el estrés. La conversación abierta sobre esos recuerdos crea un espacio de cercanía y confianza.

    Conclusión:

    Incorporar estas actividades cotidianas en la rutina de una persona con Alzheimer no solo mejora su bienestar, sino que también contribuye a fortalecer los lazos familiares y promover el sentido de autonomía. Es importante respetar los ritmos individuales y adaptar cada actividad según las capacidades de la persona.

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    ¡Sigue cuidando con empatía y dedicación!

    Si estás cuidando a una persona con Alzheimer en casa, te dejo aquí una guía completa donde explico cómo hacerlo sin entrar en conflicto